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Queratosis actínica.

La queratosis actínica se desarrolla a consecuencia de lesiones crónicas por rayos UV en zonas de la piel expuestas continuamente a la luz solar. Con frecuencia, se usan descripciones como queratosis solar, queratosis senil y queratosis por edad como sinónimos. A causa del daño solar repetido a lo largo de los años, la información genética en las células de la capa más superficial de la piel (queratinocitos) cambia para que se vuelvan a formar más rápidamente. El trastorno de cornificación se caracteriza, entre otros síntomas, por una superficie de la piel como piel de lija y un grado variante de descamación de la piel.

En Europa, se ha documentado una prevalencia del 15 % en los hombres y de un 6 % en las mujeres, según un informe del Reino Unido. Después de los 70 años, el 34 % de los hombres y el 18 % de las mujeres tiene queratosis actínica (Memon et al., 2000). Los mayores índices de prevalencia se encuentran en países cercanos al ecuador y con una gran población de piel clara, como Australia (Queensland), donde se ha informado de un índice de queratosis actínica de más del 55 % entre los hombres de 30 a 70 años y del 37 % entre las mujeres (Frost et al., 2000).

La queratosis actínica se consideró una lesión premaligna, pero hoy en día es considerada es una forma temprana de cáncer de piel de tipo no melanoma. Sin embargo, en aproximadamente el 10 % de los casos pueden convertirse en una forma maligna de cáncer de piel. La queratosis actínica puede tratarse fácilmente y por completo. 

Eczema.

El eczema es una de las enfermedades cutáneas inflamatorias más comunes. Frecuentemente relacionada con el trabajo, el eczema se caracteriza por escozor e inflamación de la piel. Como término colectivo, el eczema incluye varias enfermedades cutáneas inflamatorias que tienen diferentes causas pero siempre progresan de forma similar.

El eczema agudo comienza normalmente con un enrojecimiento de las zonas afectadas de la piel, casi siempre acompañado de escozor, inflamación, formación de ampollas y supuración. A medida que progresa la enfermedad, se forman costras y, en la fase de curación, la piel se descama. También se conoce frecuentemente como dermatitis.

El eczema agudo difiere del eczema crónico, en que disminuye con dificultad y muestra síntomas ligeramente diferentes. En la fase crónica, la piel tiende a estar seca, escamosa y con escozor. No hay signos importantes de inflamación como ampollas o supuración. Sin embargo, la piel tiene fuertes líneas marcadas (liquenificación).

Las causas y la aparición del eczema son diversas. Se hace una distinción fundamental entre las siguientes formas:

  • eczema atópico (neurodermatitis)
  • eczema agudo o de contacto crónico (alérgico o irritativo/tóxico)
  • eczema numular
  • eczema seborreico

Psoriasis

Psoriasis.

La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel, inflamatoria y no infecciosa. Depósitos importantes, similares a placas, de piel escamosa sobre la piel inflamada son característicos de la psoriasis. Sin embargo, la inflamación no se restringe necesariamente a la piel.

Los pacientes con psoriasis padecen con más frecuencia de ciertas enfermedades internas. Entre ellas se incluyen la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa (afecciones intestinales inflamatorias), la artritis psoriática, la diabetes mellitus de tipo II, afecciones coronarias, presión arterial alta y síndrome metabólico (acompañado por un recuento más alto de lípidos en la sangre, arterioesclerosis, peso excesivo, niveles elevados de azúcar en la sangre o presión arterial alta).

La psoriasis puede ser de diferentes tipos. Dependiendo de cómo se manifiesta la enfermedad en la piel, se hace una distinción entre los diferentes tipos de psoriasis. El tipo más común de psoriasis es la psoriasis vulgaris, también conocida como psoriasis de placas que es la que padecen aproximadamente el 80 % de los pacientes.

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Espasticidad en la Esclerosis Múltiple (EM).

La EM es uno de los trastornos neurológicos más comunes y una de las principales causas de discapacidad entre adultos jóvenes. Afecta a más de 600.000 personas en Europa [+ info]  y se calcula que dos millones de personas la padecen en todo el mundo, aunque es probable que otros cientos de miles no se hayan diagnosticado todavía a nivel mundial. La mayoría de las personas con EM reciben un diagnóstico entre los 25 y los 30 años, y la prevalencia es mayor en las mujeres en un ratio de 3 a 2. La progresión de la enfermedad y los síntomas asociados son impredecibles y pueden variar ampliamente de una persona a otra. Todavía no se conocen las causas de la EM, y hasta ahora no existe cura.

La espasticidad es un síntoma que pacientes y cuidadores definen como espasmos musculares, rigidez, dificultad o restricción de movimientos, y es uno de los síntomas más comunes de EM, que se presenta en más de un 84 % de los pacientes. La espasticidad puede repercutir en muchos aspectos de la vida cotidiana de los pacientes con EM y contribuye en gran medida a su angustia y discapacidad [+ info].